jueves, 5 de mayo de 2016

Por los que siempre permanecerán en la memoria

Cuando das lo mejor de ti, pero no lo consigues. Cuando estás rota, y no puedes dormir. Cuando tus mejillas se convierten en autopistas para lágrimas y te apoyas en las paredes frías esperando un milagro. Que se salve, que vuelva. Que aquí le necesitamos. Cuando miras a la estrella que más brilla del firmamento y escuchas su voz, sus dichos, sus carcajadas. Te viene a la cabeza cada momento con él y el mundo te vuelve a recordar lo mucho que te quería, lo mucho que cuidaba de ti, lo grande que era. Te recuerda esas tardes en su casa, su última sonrisa desde una cutre camilla. Sus caricias en la barbilla y los mejores consejos que te podían dar. Te rompes en pedazos y arrastrándote por los suelos intentas erguirte, entre toda la mierda. Caminas sola por ahí, dejando atrás los lamentos de tus seres queridos, miles de lágrimas en su honor y noches enteras llorando. No miras atrás, no puedes. Cabizbaja, solo quieres salir corriendo. La respuesta no es la huida, ¿qué conseguirías? Giras cieno ochenta grados, y lo haces por él. No quieres avergonzarle, porque en el fondo sabes a la perfección, que desde ahí arriba... todavía te cuida.



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